lunes, mayo 15, 2006

sueño que volvés de alguna parte y es tan cierto que no quiero ver lo cierto, que es que no volvés. lucas lee las palabras, tiene ventanitas en la boca y ezequiel ya dice cosas, dice tititita, dice má y pí, dice agua y babau.

yo soy igual que siempre, de llorar por los rincones y escondidamente, a veces, sin saberlo. no sé muy bien qué quiero, una manzana dulce, abrazar la perra (ella sí que regresó, pensamos todos que se había muerto y también lloré por eso, pero ayer por la tarde: miren quién vino, y quedé ahí con la perra y con mi hijo, recostados sobre el césped, llenándonos de sol un poco).

no sé del matrimonio muchas cosas y otras sí: que por momentos, si me preguntasen, diría que yo nunca más jamás; o que por momentos necesito todo eso, la familia, el hombre al lado, el símbolo del hombre-abrazo fuerte. aunque estos días me encuentro como huyendo. ah, las mujeres y nuestra absurda búsqueda de conversación.

tanta de mi fuerza se llevan mis hijos que no quiero por las noches otra cosa que dormir y veo que siempre estoy dormida y no lo entiendo bien porque me desconozco ¿o es un dejo de resentimiento? eso de hundirse durante la mañana entera en el fondo oscuro de las sábanas y nunca aparecer sino hasta el mediodía cuando todo lo importante hace rato comenzó a marchar.

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miércoles, abril 19, 2006

quería decir una de maridos y esposas, con tono algo jocoso, algo irónico. pero, no puede (y acá quería decir "no puedo" y se escapó la tercera, la despersonalización o la huída de lo que duele). no puede porque le duele. algo que sin ser terrible no deja de espantarla: el conocimiento de cuánta violencia se lleva puesta y latente, mal disimulada. de un desbarrancamiento de palabras que comienzan por perder su significado original para ganar la poderosa fuerza del insulto, no hay retorno. entonces un portazo. llantos. y la velocidad arrolladora de un brazo que desplaza todo lo que a su paso encuentra. así terminan en el piso cajas y cajitas, libros, velas, un portarretratos, cosas que, como las palabras, se despojan de toda funcionalidad y se convierten en las víctimas de la descarga. que para peor, no produce alivio alguno y le resulta vergonzante.

ayer hablaba con alguien, de tango, de los hombres que todo lo critican. conté de ese que me dijo que "por hacer siete meses podrías bailar mejor". mi interlocutor dijo: es un animal, un tipo así te puede frustrar el baile. yo pensé: no me frustra un carajo porque el tipo no me importa nada (por supuesto, yo también pienso que es un animal).

ahora, cuando cosas así salen de la boca de la persona que es "la persona", todo se torna oscuro y tormentoso.

encima el jefe quiere reunión dieciocho y treinta, el resto de los gerentes me toma de idiota, y la reputamadrequelosremilparió a todos. yo debo tener un gran problema de autoestima para permitir ciertos malos tratos en general y en particular.

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