si supiera, pudiera un poquito. soy blanca como una tabla de platón, que, ahora se me ocurre --no por ocurrencia mía o ¡guay! qué inteligente, más bien se trata de una
recordación-- la tabla blanca espera ser pintada, es posibilidad pura.
últimamente casi nada me interesa. rarísimo. laburo con cierto... ¿¡interés!? (válgame el cielo la contradicción). bah, ahínco. bah, que salieron todos de vacaciones y ¿quién quedó?. pero nada de victimitis, que trabajar no molesta. últimamente, quiero decir. sobre todo si después alcanza para derroches en zapatitos y sandalias con pulseritas dos o tres veces por mes durante un mes.
cuelgo un libro por aburrido, no sé qué leer, no pienso tampoco demasiado y hay quién dice que en verdad nunca en la vida pensé nada, las cosas o ideas no aparecen, apenas un poco de bailar y ya cansando porque los tipos --en general-- si no te quieren cojer te quieren franelear y hasta robarte besos del cuello en plena tanda. muy lindo el sentimiento, claro, sobre todo si alguno hay que me acariñe, pero la verdad que mucho estímulo sexual me peligra y la intención mía es de aprender bien las cosas, de puro obsesiva. las cosas de la danza, no las de los hombres.
la explicación no es apatía. no sé cuál es la explicación, sin interlocutor
non plus.
en fin, hay reunión en breve con muchos muchos hombres banqueros de finanzas del mundo ejecutivo con las manos arregladas y poquita poquita imaginación, es decir, bien dentro de contexto que no los saca nadie. aunque no importa porque, últimamente, repito, yo ando así como la tabla rasa, sin merequetengues ni creatividades, sin ideas tontas-loecas que peguen saltos o volutas. bien para este ámbito que repetidas veces me hace de pantalla. es porque trabajo, que no pienso. je.
después, el recuerdo irrumpe, y ahí sí que no. o que sí.